El Centro histórico

Las megalópolis como México se han formado por la fusión de varias ciudades y pueblos. En el caso de la Ciudad de México su origen está en el llamado Centro Histórico, zona que ocupa la traza primigenia de la ciudad: delineada como un mapa cósmico de cuatro direcciones por los aztecas, retomada como un tablero de ajedrez por los españoles, reedificada como una metrópoli conventual y aristocrática y transformada en reino de la mugre, el ruido y la vendimia.
Usted se encontrará en un sitio vivo, bullicioso y contradictorio que sacude los sentidos: los discretos colores de la arquitectura del centro se basan el el juego de la cantera y el rojizo tezontle; su ritmo lo determina una centenaria vocación comercial enmarcada bajo balcones de hierro forjado; su exaltación es acompasada por las fiestas religiosas y las luchas sociales. Aunque sus actuales verdugos son los numerosos automóviles que lo transitan, como visitante puede emprenderse un recorrido en un trenecito de ruta fija o en bicicletas-taxi, pero el mejor medio es simplemente caminando.

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